jueves, 23 de octubre de 2008

San Isidro por dentro

El martes 21 de octubre, el ingeniero Ricardo Barrenechea estaba durmiendo en su casa de Acassuso, en el partido de San Isidro, cuando tres delincuentes ingresaron a la vivienda ubicada en Perú al 700, a escasos metros de la avenida Del Libertador, a las 6.30 de la mañana. Tras entregarles a los ladrones lo que le exigían, los delincuentes quisieron más y lo amenazaron con llevarse a una de sus tres hijas. Esto alteró al ingeniero – que ya había perdido a una niña por una enfermedad terminal- y lo hizo reaccionar de la peor manera: junto a su hijo Tomás de 17 años se abalanzaron contra los dos ladrones. Ricardo recibió cinco tiros que lo desplomaron en la escalera de su casa, donde falleció, delante de toda su familia. Tomás tuvo mejor suerte, recibió un balazo en el hombro y si bien al cierre de esta edición continuaba internado en el sanatorio La Trinidad, esta fuera de peligro. Eso sí, no pudo estar en el entierro de su padre en el cementerio Jardín de Paz, en Pilar.
El hecho se enmarca en una seguidilla de seis robos que se sucedieron en la mañana de ese martes en el partido del norte del conurbano bonaerense. Ante esa circunstancia, el intendente de San Isidro Gustavo Posee acusó que la retirada de la Gendarmería de la villa La Cava – ordenada por el ministro de Justicia Aníbal Fernández- es una de las causas fundamentales del aumento de la delincuencia en su partido. El último puesto de la fuerza de seguridad en la villa se estaba levantando el mismo día que acontecieron los crímenes.
Según fuentes del ministerio del Interior, la disputa por la presencia de la Gendarmería en La Cava tiene como trasfondo una fuerte interna entre el ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Carlos Stornelli, y Fernández que no tienen buenas relaciones hace tiempo. Incluso, paradojas de la política, la secuencia se dio cuando el gobernador Daniel Scioli tenía planeado ir a Colombia a hablar sobre inseguridad. Finalmente habló sobre el tema pero frente a las cámaras de televisión y sin su ministro de Seguridad.
Lo cierto es que tras una serie de operativos fallidos en La Cava, los investigadores detuvieron a tres personas que serían integrantes de la banda en villa puerta de Hierro, en Ciudad Evita, partido de La Matanza, bastante lejos de San Isidro. Allí se secuestraron varias armas y municiones, entre ellas, una pistola semejante a la que se utilizó en el asesinato del ingeniero. Y los investigadores ya tienen identificados por identikit a dos personas, una menor, que serían los autores materiales del crimen. Uno de ellos ya había sido detenido en la zona norte por tres robos y podría ser uno de los protagonistas de la crónica “Pibes chorros”, que se publicó en la primera edición de este blog, hace un mes.
Lo malechores habrían ingresado a la casa de los Barrenechea con una tarjeta de plástico, forzando el pestillo de la puerta.
De esta manera, el barrio que tiene sus casas rodeadas de garitas, autos de agencias de seguridad privadas que circulan la zona constantemente y hasta viviendas con rejas electrificadas –aunque esten prohibidas por ley- entró en un estadio superior de psicosis. Por ese motivo, el Concejo Deliberante decretó el estado de emergencia y su intendente propuso una vez más bajar la edad de imputabilidad de los delincuentes a 14 años– hasta escribió una columna en el diario La Nación argumentando las razones- como si esa fuera la solución de todos los problemas. ¿Y si los delincuentes eran mayores, cuál habría sido la salida propuesta por el intendente y el gobernador de la provincia, que se sumó al pedido?
Lo cierto es que la Gendarmería volvió a La Cava, asilando a la villa de todo el barrio que lo rodea. La división social se profundiza por la falta de medidas políticas y sociales. Basta escuchar los reclamos de los vecinos san isidrenses que reclamaron “muerte por muerte” en la puerta de la municipalidad.
Un dato no menor es que con la Gendarmería en La Cava igual se producían muchos crímenes en el Partido. De hecho, hay una persona que vivía en La Cava desaparecida hace más de un año, que la justicia presume que fue asesinada pero nunca pudo establecer qué paso. Casualmente el caso avanzó mientras el Juzgado Criminal y Correccional Federal Número 4 de la capital federal tuvo el caso en su poder. Cuando llegó a San Isidro todo se estancó. En esa misma investigación se determinó que una cocina de drogas funcionaba en una esquina de la villa liderada por la familia Silva, en las narices de las fuerzas de seguridad.
Así está el barrio, convulsoinado. No es para menos, la muerte se pasea por sus calles.

Una noche para olvidar

Relato de una salida de amigos

Música, tragos, amontonamiento de gente y desborde parecen ser características típicas de una noche de sábado para cualquier adolescente. La usual salida con amigos, la reunión ruidosa y el alcohol se vuelven ingredientes indispensables del ritual juvenil que inunda los fines de semana.
Todo parece festejo. Gonzalo generalmente se junta con su grupo de amigos en la casa de Patricio, que queda cerca de los pubs, bares y boliches bailables de Lanús centro, al sur del conurbano bonaerense. Antes de la reunión, los muchachos van todos juntos al mercado mayorista y compran todo tipo de bebidas alcohólicas, inimaginables para un abstemio e impresionables incluso para un bebedor ducho. Las cajas de cerveza se amontonan en el chango, así como las botellas de Gancia, whisky, vodka y esencias de frutilla para deleitar a los paladares que prefieren sabores más dulces.
El clima de risas y festejo constante es la regla. Los chistes se suceden unos a otros y para una espectadora testigo de charlas ajenas los temas parecen banales pero dotados de la perspicaz singularidad de lo anecdótico y divertido. También me río con ellos de sus bromas, son compinches de códigos secretos, y otros no tanto, que consolidan una festividad incansable.
Por supuesto, llega un momento en que el observador externo se cansa cuando los púberes simulan ser infatigables. Por suerte llegó la madrugada y deben irse.
El destino es un bar llamado “Space” sobre la Avenida Hipólito Irigoyen que está enfrente de un boliche llamado “La zona” y a la vuelta de la legendaria discoteca “La Casona”, que fue cerrada hace dos años luego de que los amigos de un chico asesinado a golpes por un patovica incendiaran el local.
Se sientan todos en una mesa y es inevitable que la dispersión llegue en cierto momento de la noche. Gonzalo observa detenidamente a una chica que le sonríe. Sin pensarlo, se acerca a ella y se disponen a charlar. El coqueteo no se hace esperar. Ella le pregunta qué hace de su vida, él le cuenta que todavía no terminó el secundario y que está trabajando en un taller metalúrgico del padre de un amigo suyo. Ella está cursando el último año del secundario. Carolina bromea con él por su apariencia: “¿cómo vas a venir vestido con esas zapatillas rotas a este lugar?”. “El bar tampoco es la gran maravilla del mundo, él le contesta”. “¿Y te peleaste con el cepillo?”, remata Gonzalo. Ella le explica que el suyo es un peinado muy de moda.
“¿Son esos tus amigos?”, le pregunta Carolina. “Sí… son unos barderos”. “¿Pero por qué no les decís que la corten, están gritando mucho?”, le aconseja Carolina. “Dejálos”, le responde Gonzalo.
De repente, escuchan que a uno de sus amigos lo están increpando. Sin dudarlo, Gonzalo se levanta de su silla y va a fijarse qué sucede. Por el momento, lo que se puede observar desde el lugar de Carolina son muchos gritos y la espalda de un hombre corpulento, tal vez por unos kilos de más o demasiados anabólicos. De la vereda del frente, un grupo de transeúntes se detienen para observar el espectáculo, un poco teñido de antiguo festival circense y de película de acción hollywoodense. Se rompen platos, nota la cocinera, que corre hacia el interior del local con miedo y ansias de que termine su turno. Le va a reventar la vena, le va a dar un infarto al grandulón, piensa la camarera que, mientras tanto, trata de cobrar las mesas que le faltan por si llega a caer la policía y se van sin pagar.
Todo sucedía en un instante y ese lapso breve de tiempo parecía como una eternidad para los testigos. Golpes. Bandejas que se caen. Llantos. Pese a que todos veían, el miedo paralizaba a la mayoría.
¿Por qué se estaban peleando? Es por una mujer, un trago, le quiso robar plata, lo insultó, estaban borrachos. Las versiones son tantas como la cantidad de participantes que compartían un trago en el lugar. En ese instante, plagado de temor e incertidumbre, Gonzalo alcanzó al grandulón y lo amenazó: “¿qué te pasa con mi amigo?” A lo que le contestó: “¿y vos que te metés pendejo de mierda?” Claro que, a buen entendedor, pocas palabras. Y no hay oídos más sordos que los que no quieren escuchar. Metió la mano en el bolsillo. Chistó a otro. Se rieron de un modo cómplice. El grandote estaba acompañado.
La primera reacción fue salir corriendo, ya no importaba ni Carolina, ni la cerveza, ni los chistes entre pares… las zapatillas no daban más, corrían pero las balas de goma sonaban ruidosas muy cerca suyo… estaban muertos de cansancio, todo pasó a un lugar secundario: el colegio, los proyectos, la vida, las salidas, los amoríos, las noches de parranda, las películas que vio y las que no podría ver… pensó en su familia, su perro, la casa de la infancia y los recreos del jardín de infantes, todo se juntó en un momento, y en un instante todo se quedó en la nada. Sintió que se moría.
Una bala de goma alcanzó su pierna, cayó tendido al suelo. “No pasó nada, sólo te rompiste el jean, le dicen, quedáte tranquilo, otro día te llevamos a Levis y te compramos otro pantalón”. Bromeaban con él, querían que se tranquilice mientras llegaba la ambulancia. Por supuesto, que los policías ya se habían ido y los patovicas, amigos de los policías, se habían marchado también.
Lo que sucede es que hay otros que no tienen tanta suerte. A otras personas, jóvenes cuya vida social consiste en salir a bailar, simplemente las asesinan a golpes. ¿Y quiénes son los asesinos? Aquellos que se suponen que los protegen, esos hombres portadores de uniformes, de armas, de palos y de mucha droga en el cuerpo. ¿Y quiénes son las víctimas? Adolescentes, de entre 14 y 18 años, que aparecen en esos sitios con el objetivo de pasar un buen rato. Los que tienen una fortuna mejor sufren una paliza más o menos intensa y pueden contar el cuento, como Gonzalo. Pero otros, se lo llevan a la tumba.

Sólo por citar tres antecedentes:

2008, Quilmes: Marcha por la justicia

Los familiares, amigos y vecinos de Emmanuel Vera, un joven de 18 años asesinado de un balazo en el estómago en junio pasado a la salida de un boliche de Quilmes Oeste, realizaron hace tres semanas una marcha de antorchas para reclamar Justicia.
El padre de la víctima, Juan Carlos Vera, dijo que la protesta de antorchas se realizó en el cruce de Chile y San Martín, frente a la estación Ezpeleta. “Nos concentramos para pedir por el esclarecimiento de la muerte de Emmanuel y sus amigos proyectaron un video sobre los últimos días de Emmanuel con vida”, agregó su padre. “Todavía no hay culpables al cumplirse cuatro meses de su muerte y nos convocamos a marchar también por la seguridad para nuestros jóvenes”, añadió.
El hecho ocurrió la madrugada del feriado del 16 de junio último a la salida de un boliche situado en Craviotto y Calchaquí de Quilmes Oeste. El joven había salido de allí con unos amigos y, por motivos que se investigan, discutió con otro grupo de muchachos. Esos jóvenes primero se insultaron con Emmanuel y sus amigos y luego le efectuaron disparos desde un auto Peugeot 206 gris. El joven Emmanuel recibió un impacto en el abdomen a raíz del cual murió. Emmanuel tenía 18 años, era técnico Electromecánico egresado de la Escuela Mosconi y estudiante de Ingeniería; a la vez trabajaba en una empresa metalúrgica en Avellaneda y ya había sido seleccionado para empezar a trabajar en Astillero Río Santiago.

2006: Joven muere en La Casona tras haber sido golpeado por un patovica

El domingo 3 de Diciembre de 2006 un joven de 20 años, Martín Castellucci, fue brutalmente golpeado por guardias de seguridad del boliche de Lanús “La Casona”, lo que causó su muerte. Uno de los patovicas fue liberado el sábado 9 ya que el juez consideró que faltaban pruebas en su contra. Ese mismo día, comenzó a circular un mail entre los jóvenes que regularmente asisten a esa disco para manifestarse en el boliche esa tarde de sábado. Una gran cantidad de gente se plegó a la movilización y, si bien en su mayoría eran jóvenes de un promedio de 15 años, también había adultos y niños que participaron de la protesta.
El boliche está ubicado en la zona céntrica de Lanús. Históricamente, los dueños del lugar se empeñaron en que cierta clase de chicos sean asiduos concurrentes del boliche mientras que se estigmatizaba a otros jóvenes y se los excluía, ya sea directamente (prohibiéndoles la entrada sin razón alguna) o implícitamente (haciéndoles pagar el doble del precio de la entrada o exigiéndoles determinada vestimenta). En la cola y en la entrada los “tarjeteros” realizaban un trato diferencial con algunos jóvenes, quiénes afirman que percibían la constante persecución, intimidación y acoso por parte de los patovicas y dueños del boliche.
La ira contenida de los adolescentes enfurecidos por el asesinato de Castelluci se volvió fuego la tarde de la protesta en la calle. Tiraron piedras, incendiaron el patio del boliche, rompieron estatuas y cantaron. Según sus testimonios, era moneda corriente el hecho de que en el boliche discriminaran por la apariencia y que cobraran la entrada de acuerdo al color de la piel, el aspecto y la vestimenta de los adolescentes. Como la gota que colmó el vaso de agua, hordas juveniles se abalanzaron sobre el predio y ejercieron lo que comúnmente se denomina justicia por mano propia, que en la creencia popular asume la forma de “el que las hace las paga”.


2004, Caballito: Multan a dueño de boliche por un joven que resultó herido en su local

El propietario de un local bailable de la ciudad autónoma de Buenos Aires y un empleado de seguridad fueron condenados hace dos semanas a pagar unos 70.000 pesos de indemnización a un joven por las lesiones que recibió cuando se hallaba en el boliche.

La sentencia la dictó la Cámara Nacional en lo Civil a raíz del hecho registrado el 9 de junio de 2002 en el local ubicado en avenida La Plata al 700, en barrio de Caballito. La Sala E del Tribunal sostuvo que el explotador comercial del boliche tiene la obligación de asegurarle a quienes concurren al mismo que saldrán del sitio “sanos y salvos.”
El joven fue golpeado por un patovica, condenado por este episodio a dos años de prisión en suspenso por un tribunal penal, lo que provocó que tuviera que someterse a una intervención quirúrgica y quedara con insuficiencia respiratoria nasal. El damnificado inició demanda por incapacidad sobreviviente, daño moral y gastos médicos debido a la fractura de sus huesos de la nariz.
Los camaristas Fernando Racimo, Juan Carlos Dupuis y Mario Calatayud evaluaron que el propietario del lugar no se exime de responsabilidad por el hecho de que el empleado de seguridad "se haya extralimitado en sus funciones".


Mariana Marcaletti - Brenda Lynch Wade

UN DÍA DE LA MADRE DIFERENTE

Para muchas mujeres, el domingo fue una oportunidad para recordar y lamentar una pérdida: la de sus hijos. Este es el caso de las integrantes de la organización Madres del Dolor, que año tras año realizan distintas actividades para conmemorar su día, pero sin olvidar el sufrimiento a causa de la ausencia de sus hijos.
El año pasado, las Madres del Dolor pusieron en marcha una jornada de charlas que se realizaron a modo de taller. En cambio, en el año 2006, la propuesta fue un acto en la plaza San Martín del que participaron distintas figuras de la música, del teatro y del periodismo.
Pero este Día de la Madre, la fecha encontró al grupo de madres organizadas con un proyecto diferente. El propósito fue puntual y firme: ayudar a la madre de la nena desparecida hace tres semanas, Sofía Herrera.
Elvira Torres, miembro de Madres del Dolor, cuenta: “Este año, nuestro Día de la Madre fue atípico. Estábamos ocupadas con el tema de Sofía. Nosotras trajimos a su mamá del sur”.
Torres asegura que, también en este caso, la forma en que se dio la ayuda fue diferente: “En general, nosotros ofrecemos colaboración en los casos extremos, cuando hay una muerte de por medio. Pero en esta ocasión, fue la misma madre de Sofía la que se acercó a nosotros”.
A partir de allí, la organización se puso en marcha para ayudar a Elena Delgado, la madre de la nena. “Primero le conseguimos la entrevista con el ministro de Justicia, Aníbal Fernández y fue él quien logró que se llevara a cabo lo que teníamos pensado hacer para el Día de la Madre” Torres.
Relata: “El gobierno de la provincia le dio el pasaje y nosotras le pagamos un hotel acá para que tuviera alojamiento y la llevamos a los medios de comunicación”.
Con el permiso logrado y el plan pensado hasta el más mínimo detalle, se llevó a cabo la campaña de difusión en un momento estratégicamente elegido: el súperclásico de fútbol.
Sobre lo ocurrido el domingo, Torres cuenta que “el Día de la madre, Elena Delgado se acercó a la cancha durante el partido de River- Boca y se mostró a toda la gente que estaba allí la foto de Sofía Herrera con un cartel que decía ‘Se busca’”.
Más allá de las exitosas repercusiones que obtuvo en la prensa la movida llevada a cabo por las Madres del Dolor el domingo, su estrategia fue pensada para que el caso pueda extenderse más allá de las fronteras nacionales. “Queríamos que la foto generara un efecto a nivel internacional para que organismos que estén más allá de nuestro país puedan tener conocimiento de lo que ocurrió con Sofía y brindar algún tipo de ayuda en este asunto”.
Mientras que muchas madres tuvieron la oportunidad festejar con sus hijos el domingo, otras pudieron organizarse desde el dolor para que los recordados ese día sean los hijos que ya no están.

miércoles, 22 de octubre de 2008

La violencia institucional se cobró 116 víctimas

Según un informe del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), las muertes ocurridas en procedimientos que involucran a funcionarios de seguridad cayeron un 20% en el último año. La cifra se dio a conocer en el informe que el instituto realiza todos los años sobre la situación de los Derechos Humanos en el país. Sin embargo, destacan que la mayoría de los hechos ocurren en casos en los que podría evitarse el uso de la fuerza.
Si se toma el período julio 2006-junio 2007, 116 personas murieron en procedimientos en Capital Federal y Gran Buenos Aires. De ellos, 79 eran civiles y 37 policías, gendarmes, prefectos, militares u oficiales del servicio penitenciario. La provincia de Buenos Aires albergó la gran mayoría de las muertes de civiles: 88 en total. La Policía Federal aparece en el estudio como la fuerza más afectada, con 16 bajas, seguida de la Bonaerense, con 12 oficiales asesinados. Sin embargo, desde la PFA informan que el número de caídos llega a once víctimas.
En el 70% de los casos, los civiles mueren en enfrentamientos armados, según la versión oficial de los hechos. Muchos de estos acontecimientos fueron relatados como intentos de robo de automóviles o comercios por uno o dos ladrones, en los que luego intervino la fuerza. El CELS destaca que muy pocos de ellos se trataron de tiroteos con bandas de mayor cantidad de miembros. Los autores del estudio suponen que el uso de armas de fuego por funcionarios de seguridad ocurre cuando la relación de fuerza es dispar. Incluso, pone en duda que sean "enfrentamientos armados", ya que persiste la práctica de "plantar" armas para simular un tiroteo donde hubo un fusilamiento.
El CELS realiza su informe en base a recortes periodísticos, desde 1996. Junta información en la que haya algún funcionario de seguridad involucrado, ya sea policía, militar, gendarme o miembro del servicio penitenciario. Las muertes incluyen procedimientos de la institución, represión en protestas y acontecimientos que involucren a dichos funcionarios pero como civiles. La crisis de 2001 fue el momento cuando ocurrieron la mayor cantidad de decesos violentos: 178 civiles fallecieron en el último semestre de ese año, mientras que el pico en la estadística de funcionarios tuvo lugar en el primer semestre de 2002, con 59 víctimas.

lunes, 20 de octubre de 2008

Falta poco

Les recuerdo que el próximo jueves estarán cinco nuevas notas sobre el delito en la Capital y conurbano bonaerense. En estos momentos, estamos terminando de editarlas para presentarles el mejor material posible.

jueves, 9 de octubre de 2008

¿Dónde está mi hijo?

“Hace veinte días que no aparece”. Directo, sin anestesia, Ramón le comunicó la mala nueva a Ana María. En varias ocasiones, ella llamó para preguntar por el paradero de su hijo desde su hogar de González Catán, en el partido bonaerense de La Matanza.
El hombre en cuestión es Oscar Horacio Romero, de 26 años, quién desapareció de la casa en la que vivía con su concubina, Romina.
Su suegro, Ramón, se encargó de informarle a la madre, Ana María, quien nunca le creyó y al día de hoy no entiende cómo tardaron en avisarle.
Todo sucedió en mayo, 1999. La policía ubica el hecho entre la madrugada del lunes 3 y el martes 4. Ana María buscó en las comisarías algún dato que le permitiera saber lo ocurrido.
Terminó en la comisaría Quinta de su barrio. Le enseñaron varias fotos de personas fallecidas en enfrentamientos con la policía. Hasta que, luego de estallar en gritos, encontró la de su hijo: estaba en el cementerio de Villegas, a un costado de la Ruta Nº 3. Pidió una y otra vez reconocer el cuerpo. No la dejaron. Oscar había sido enterrado como NN. A ella le costaba creer cómo tardó tanto en enterarse que su hijo fue asesinado por la policía.
La versión oficial no la conforma. Oscar había perseguido por la calle a Haydee Ruiz Díaz, una agente de la Policía Federal que volvía de trabajar. Supuestamente, la interceptó para robarle y luego forcejearon.
En el intento, la oficial le disparó con su arma. Él escapó herido. Según la policía, tras lo sucedido se enfrentó a tiros con unos agentes que lo interceptaron.
Se cree que él disparó con el arma de Ruiz Díaz. Los agentes de la bonaerense disparan en su contra y lo liquidan. La autopsia lo describe fríamente: cuatro disparos, todos a la altura del pecho o superior. Tiraron a matar.
En toda autopsia, los forenses realizan una descripción exhaustiva del cuerpo. Cada fisonomía es volcada al informe con detalle. Características corporales, marcas o cicatrices. Proceden a analizar cada centímetro del cadáver.
Entre otras cosas, abren el cráneo, cortan el cuero cabelludo de un extremo a otro, por la parte superior, de oreja a oreja. La parte anterior se repliega sobre la frente y la posterior sobre el cuello. Luego, se abre la bóveda para extraer masa encefálica. Siempre se realiza este procedimiento.
Oscar Romero sufrió un accidente automovilístico años atrás, el cual le dejó una marca importante en su cara, casi como una abolladura en un auto. Tenía un pómulo levemente hundido. Nada de esto figura en el informe forense. Cuatro años más tarde se desenterraron los restos para llevarlos a un nicho. Del cuerpo sólo quedaban los huesos. El cráneo estaba intacto.
Por ello, es que Ana María hoy sostiene que el cuerpo que enterraron, y presentaron como su hijo, en realidad no es él. Su hijo se llevaba muy mal con la familia de su pareja. En ese sentido apuntan sus acusaciones.

miércoles, 8 de octubre de 2008

“Delitos en 2008: un tema no menor”

Los delitos llevados a cabo por menores de edad tuvieron un incremento importante en 2008. Si bien este tipo de actos sufrió un aumento progresivo en los últimos tiempos, en lo que va de este año, la cantidad creció rotundamente.
“Se produjo un aumento de la delincuencia en general. Pero, particularmente, el 2008 fue un año donde creció en gran medida la cantidad de crímenes realizados por menores de edad” asegura Jennifer Wheil, voluntaria de la Fundación Blumberg.
Al respecto Weihl agrega: “Además, los delitos que detectamos a lo largo de este año llaman la atención por su alto grado de agresividad”.
Otro dato que sufrió modificaciones durante lo que va de 2008 es el promedio de secuestros que se llevan a cabo. “Hoy en día, inclusive en Colombia hay menos cantidad de secuestros que en Argentina” afirma Weihl.
También se produjeron cambios en los momentos del día en que se reciben las denuncias. Sobre este punto, Waihl apunta: “Antes la mayoría de las denuncias se recibían por la noche. En cambio, hoy no hay horario”.
Andrés Sterba, agente de la comisaría 53 de la Policía Federal afirma: “Hace ya casi un año que a los que trabajamos en el área nos sorprende muchísimo cómo se incrementó el número de delitos que son cometidos por menores de edad”.
Según el oficial, este aumento se refleja tanto en las denuncias que se realizan en los distintos puntos de la ciudad, así como en los episodios callejeros que él tiene ocasión de presenciar. “Lo noto bastante cuando estoy en la comisaría o por la cantidad de casos que llegan, pero lo puedo ver también cuando trabajo en la calle. Nos llama la atención cómo en muchos de los delitos que se cometen, hay menores involucrados. Hace uno o dos años atrás, esto era impensable” afirma Sterba.
En cuanto a los motivos por los cuales los menores se inician en la delincuencia, el agente sostiene: “Las razones son varias. La mayoría de los casos que recibimos en las comisarías son de jóvenes que empiezan porque se escapan de sus casas y encuentran ahí una salida. También hay otros que directamente viven en la calle. En general, lo que se ve es que hay muchas situaciones en las que influye el hecho de que los padres no les prestan atención”.
De acuerdo con Sterba, la mayor cantidad de delitos cometidos por menores se concentran en los barrios de Once y Constitución. “Ocurren en esas zonas principalmente porque allí es donde los jóvenes se reúnen, cerca de las estaciones de tren” explica el agente.
El oficial agrega que durante lo que va de este año, también creció en forma sorprendente el tipo de delitos de “jóvenes contra jóvenes”. Sobre este tema, dice: “Recuerdo un episodio en particular en el que un grupo de chicos atacaron con una botella cortada a otros que salían del colegio. Esto antes hubiera sido un caso aislado, pero hoy en día, no llama tanto la atención. El resentimiento en la sociedad creció muchísimo”.

La exportación menos deseada

En lo que va del año, se secuestraron 150 kilos de efedrina en Paraguay, la mayoría enviada desde la Argentina, según informó la Secretaría Nacional Antidrogas paraguaya (SENAD). El número es sorprendente si se lo contrasta con los apenas cuatro kilos que ingresaron en forma legal al país vecino.
'Llama mucho la atención estos datos', ya que durante el 2007 'no hubo procedimientos de secuestro de esa sustancia', afirmó el agente especial Federico Pfefferkorn, jefe de la Oficina de Fiscalización de Sustancias Químicas y Farmacias del organismo paraguayo. El funcionario afirmó que 'nuestro país (Paraguay) sólo es referencia de paso, porque el destino es México'. Allí, los trámites de importación incluyen la aprobación oficial, la justificación ante el Ministerio de Salud y la SENAD y que se notifique a los pares de Aduanas de los países que participen de la operación. Por otra parte, voceros de Migraciones de Paraguay informaron que 'en el transcurso del 2008 son 1500 los ciudadanos mexicanos que arribaron al país'.

Miguel Ángel Toma, secretario de Seguridad Interior durante el gobierno de Carlos Menem, explica la situación del narcotráfico en la Argentina.

¿Qué consecuencias se derivan del consumo de estupefacientes?

El consumo de droga, provocado por el incremento de su producción y de su tráfico en la Argentina, genera delitos violentos. Además, el narcotráfico tiene una doble incidencia: aumenta la cantidad de crímenes y también suele producir ataques más brutales y crueles en su ejecución. Ese es el círculo vicioso en el que estamos inmersos.

Hace apenas dos meses, tres empresarios llamados Leopoldo Bina, Damián Ferrón y Sebastián Forza fueron encontrados asesinados en un zanjón en la localidad de General Rodríguez, en la provincia de Buenos Aires. Habían sido asesinados a sangre fría. Las características del crimen transmiten connotaciones mafiosas: muchas hipótesis se refieren al hecho con los términos “ajuste de cuentas”, “revancha de narcotraficantes” y “negocios sucios”. El juez a cargo de la causa, Federico Faggionato Márquez, pidió hace unos días la extradicción de Jesús Martínez Espinoza, un mexicano aparentemente vinculado con el crimen de los empresarios. La suposición más difundida es la que indica que ellos habían interferido en la comerciaización internacional de la efedrina y, debido a esto, fueron sacados del medio por los grandes carteles de narcotraficantes, entre ellos el famoso y temerario “cartel de sinaloa,” de Méjico. Las autoridades aún están investigando el caso para determinar las causas del asesinato.

Tras el llamado “triple crimen” de General Rodríguez la cuestión sobre la venta ilegal de una sustancia llamada efedrina se volcó al centro del debate público. ¿Qué es la efedrina y por qué se demanda?

La efedrina es un precursor para el desarrollo de drogas sintéticas. En especial, se la utiliza para la fabricación de éxtasis. Se relaciona con el desembarco de carteles de la droga en la Argentina.

A lo largo de los últimos meses, el ministro de justicia, seguridad y derechos humanos Aníbal Fernández se refirió a la “despenalización de las drogas.” No obstante, muchos abogados declaran que de hecho la ley no pena los consumos personales. Existe también una opinón generalizada de que existe un vacío legal en torno al tema. ¿Cuáles son sus percepciones respecto a esta cuestión?

Hablar de la despenalización de las drogas es una cortina de humo para no hablar de los temas que realmente importan. Por ejemplo, no tenemos radares para detectar qué entra y qué sale de la Argentina. En el año 1996, yo logré aprobar en el Congreso el Plan Nacional de Radarización y lamentablemente nunca se cumplió. Fue un problema de ejecución posterior y no del Congreso. Hoy nos encontramos con que no sólo no podemos controlar el ingreso de la droga al país sino que tampoco podemos supervisar la seguridad del tránsito aéreo. En la Argentina, hay tres radares móviles denominados 3D. Pueden identificar el rumbo, las características y la altura de una aeronave sin la necesidad de que esta cuente con un mecanismo que informe esos datos. Sólo dos de ellos son operativos. No cubren la totalidad del espacio aéreo y por esta razón se producen agujeros.

¿Qué efectos producen estos agujeros?

Por ejemplo, cuando los narcotraficantes (o cualquiera que intente traer algo de contrabando al país) verifican que están siendo cubiertos por un radar, cambian de dirección. Buscan por donde perforar la frontera por el lugar donde el radar no los puede captar. Los radares móviles no sirven para nada. Lo que se necesita es un plan que radarice la totalidad de la frontera. ¡Cómo no va a ser este país el paraíso para narcotraficantes! La única inversión directa extranjera que está recibiendo la Argentina es la del narcotráfico.

¿Cree que esta problemática tendrá una solución a corto plazo?

Es muy preocupante. Me gustaría recalcar algo que es central: no es que estamos en un pico, estamos en el inicio recién de un proceso de larga duración. Nadie toma conciencia de adónde se puede llegar si se continúa con la “política del avestruz”, es decir, meter la cabeza y esconder los problemas. Digo “política del avestruz” porque no quiero pensar que existe connivencia.

¿Cuál es el rol del gobierno respecto a estos asuntos?

Lo peor que le puede pasar a cualquier gobierno o cualquier funcionario es negar la realidad. Aníbal Fernández dice que no hay carteles de droga y es cierto. Pero que no los haya no significa que éstas no sean las primeras y más fuertes manifestaciones de que se están empezando a organizar. Lo que me preocupa es el intento oficial por ocultar la profundidad y la magnitud de lo que nos espera.

A lo largo de su gestión, el ministro de justicia Aníbal Fernández se encargó de transmitir la voz gubernamental respecto a estas cuestiones. En primer lugar, repitió en varias ocasiones su intención de descriminalizar y despenalizar el consumo que, de hecho, no está penado en las normativas vigentes. Sin embargo, produce curiosidad el hecho de que nadie le haya cuestionado su afirmación. En este sentido, participó de diversas conferencias de prensa, encuentros bilaterales con funcionarios de otros países como su contraparte en Paraguay, brindó testimonio a la prensa y a la radio de modo cotidiano, y la profundización del asunto aún brilla por su ausencia.

Mariana Marcaletti y Brenda Lynch Wade

martes, 7 de octubre de 2008

"DISCULPAME PERO TE TENGO QUE ROBAR"

Raúl Torres conducía su taxi como todas las noches de los últimos años y con la misma estrategia: antes de entregarse a un pasajero lo analizaba de arriba a abajo; en pocos segundos decidía si lo levantaba o no. No era para menos, en el 2007 había tenido una muy mala experiencia. Pero la primera noche de octubre su método falló. Torres comenzó el mes con el pie izquierdo y un revolver en la nuca.
El miércoles 1 llegaba a su fin. Torres manejaba por la avenida Luis María Campos, en Belgrano, cuando un hombre de 40 años le hizo señales para que pare. Al verlo bien vestido, con un saco, Torres no dudó y encendió la balizas. El individuo se subió muy tranquilo y le explicó que se dirigía a la avenida Cabildo. Sin problemas, Torres bajó por Virrey del Pino, bordeó las vías del tren – cerca de la estación Belgrano- y subió en la primera calle que pudo, bordeando la plaza. No hizo más que una cuadra cuando escuchó que el pasajero en un tono tranquilo le dijo, como quien no quiere la cosa: “Disculpame pero te tengo que robar.” Cuando Torres quiso reaccionar se percató que tenía el caño frío del revólver en la nuca.
“Dame toda la plata y las llaves del auto”, lo obligó el ladrón.
Torres siguió cada uno de los pasos. Primero le dio los 200 pesos que tenía encima y luego las llaves.
El malhechor se hizo con el dinero, bajó del auto, revoleó las llaves para que el taxista no lo siguiera y se fue caminando, como si volviera a casa después de cumplir un mandado.
Fue en ese preciso instante cuando Torres pensó en recuperar lo suyo. Agarró el traba volante de hierro y cuando atinó a bajar y correr al delincuente, se le cruzó la imagen de su mujer esperándolo para cenar en casa. No valía la pena jugarse la vida por 200 pesos. Resignado se puso a husmear entre el empedrado, a ver dónde habían caído las llaves.
“Lo peor de estas cosas es que uno tiene que estar agradecido porque no pasó a mayores y porque no perdí el auto”, le afirmó a este cronista. Y luego soltó: “No es la primera vez que me afanan. Si los taxistas estamos ‘entregados’.”
Justamente, su bautismo de fuego contra el delito lo vivió un año atrás.
En aquella ocasión, una pareja se subió al taxi y le pidió ir a Balbín y General Paz. Pero en el recorrido tuvo una parada imprevista. Paradojas del destino, un control policial lo detuvo antes de cruzar la autopista que divide la Capital Federal de la Provincia. Su vida estaba en peligro aunque él no lo supiera. Mientras el oficial controlaba la documentación del taxista, la pareja se besaba apasionadamente. Lo cierto es que el oficial no indagó a los supuestos amantes que viajaban en el asiento trasero sino se hubiese percatado que eran dos ladrones armados. No faltó mucho más para que el taxista se diera cuenta de ello.
A cinco cuadras de Balbín y General Paz, la pareja le pidió a Torres que se detenga. Cuando se dio vuelta una pistola lo apuntaba.“Dame toda la guita”, le gritaba la mujer mientras lo cacheteaba.
-“¿Qué haces la puta que te parió?”, se enfureció el taxista.
-“Dale, sacate la guita que tenés en las medias”, siguió la mujer sin desistir con sus golpes.
-“No tengo nada en las medias.”
Tras un par de cachetazos más, los delincuentes agarraron las llaves del auto, le ordenaron al taxista a que se bajara y tras pensarlo unos segundos, descendieron también.
“Cuando salieron del taxi me vieron las zapatillas nuevas. Me las había regalado mi hija el día anterior. Y me las hicieron sacar”, se lamenta Torres.
Con calzado nuevo, un celular, 100 pesos y las llaves del auto, la pareja delincuente partió hacia un nuevo objetivo y dejó a Torres varado y descalzo. Recién cuando se cruzó a un colega pudo salir de donde estaba.
Dos horas más tarde, volvió al puesto policial para recriminarle al oficial que lo había parado por qué no había registado a sus pasajeros. De nada sirvió.
Un año más tarde, Torres volvió a sufrir la desagradable experiencia de ser asaltado. Y como muchos colegas, no realizó la denuncia. Lo que sucede, explican en el sindicato de peones de taxi, es que si se acude a la policía, el auto permanece inactivo por 10 o 15 días y el daño para el chofer es aun peor. Esta es una de las razones por las cuales no hay estadísticas precisas sobre el robo a taxistas.